La lombricultura en ganadería regenerativa se ha consolidado como una estrategia transformadora que optimiza la producción pecuaria y promueve la sostenibilidad. La búsqueda de rentabilidad, en un contexto de constantes desafíos, ha llevado a los productores a reconsiderar sus modelos tradicionales.
La experiencia ha demostrado que la ganadería regenerativa no es simplemente un cambio de especie, sino la adopción de un enfoque holístico que convierte los desafíos, como el estiércol, en valiosos recursos. A través de un innovador proceso de lombricultura, el estiércol se transforma en humus, mejorando la salud del suelo. A continuación exploramos en detalle cómo esta práctica esencial se integra para crear un sistema productivo y sostenible.
De Bovinos a Búfalos: La Transición Estratégica Hacia la Ganadería Regenerativa
Índice del artículo
- 1 De Bovinos a Búfalos: La Transición Estratégica Hacia la Ganadería Regenerativa
- 2 El Estiércol: Un Problema Convertido en Solución
- 3 Proceso de Lombricultura en la ganadería regenerativa: Etapa por Etapa
- 4 Producción de Humus y su Utilización
- 5 Beneficios Tangibles y Estrategias de Aplicación
- 6 Lombricultura y sistema de rotación de potreros
- 7 Maximización de la Producción: Un Enfoque en la Eficiencia y la Constancia
Un ejemplo destacado de esta transición es una unidad de producción familiar que, tras 26 años de experiencia, decidió transformar su modelo productivo. Inicialmente, se enfocaron en la cría de ganado bovino, específicamente en las razas Carora y sus mestizos con Holstein. Sin embargo, las condiciones específicas del ecosistema y las exigencias de manejo, en particular la alimentación de estas razas, presentaron serias limitaciones que comprometieron la continuidad del modelo.
En un movimiento estratégico, hace aproximadamente seis años, la unidad de producción optó por la migración hacia el búfalo. La razón principal detrás de esta decisión fue la superior adaptabilidad de esta especie al entorno local, un factor crítico para un modelo de producción eficiente. A diferencia de las razas bovinas que requieren una alimentación más específica y un manejo más intensivo, el búfalo demostró una capacidad innata para prosperar en las condiciones de la finca.
En consecuencia, esta elección no solo permitió superar las limitaciones anteriores, sino que, además, se alineó con la filosofía de la ganadería regenerativa. De hecho, la adaptabilidad del búfalo ha sido fundamental para establecer un sistema sostenible en el tiempo, resultando en un aumento significativo de la rentabilidad por hectárea, mayores ganancias y una mejora en la calidad y el precio de la leche producida.
La decisión de cambiar de especie no fue un acto aislado, sino que fue el primer paso hacia una reestructuración completa de la finca. Por lo tanto, esto implicó una revisión de la infraestructura, del talento humano y de los métodos de manejo. La experiencia demostró que la migración no se trataba simplemente de reemplazar un animal por otro, sino de adoptar un enfoque integral que respete las características y bondades de la nueva especie.
El Estiércol: Un Problema Convertido en Solución
La implementación de un sistema regenerativo va más allá de la simple selección de la especie. De hecho, requiere una gestión integral de los recursos y los residuos. Tradicionalmente, la acumulación de estiércol en las vaqueras representaba un problema sanitario y de manejo, generando plagas como moscas y dificultando la limpieza.
Para abordar este desafío, la finca adoptó un innovador enfoque de lombricultura, incentivada por el asesoramiento de expertos. En efecto, este proceso permitió convertir los residuos sólidos y líquidos del ganado en un recurso valioso para la mejora del suelo.
La lombricultura se convirtió así en una pieza central del sistema, integrada con la rotación de potreros. Gracias a esto, al procesar el estiércol, la finca no solo eliminó un foco de problemas, sino que generó un abono orgánico que ha demostrado ser excepcionalmente beneficioso para la salud del suelo y el crecimiento de los pastos.
En otras palabras, este cambio de mentalidad, de considerar el estiércol como un desecho a verlo como un insumo de valor, es una piedra angular de la sostenibilidad. Es un claro ejemplo de cómo los procesos naturales pueden ser aprovechados para crear un ciclo cerrado y virtuoso de producción.
Proceso de Lombricultura en la ganadería regenerativa: Etapa por Etapa
El proceso para la producción de humus en la unidad de producción es un ciclo meticuloso y natural que maximiza la eficiencia de los recursos. Se divide en varias etapas críticas, cada una diseñada para optimizar la calidad del producto final.
1. Maduración del Estiércol (Fermentación Aeróbica)
La primera fase comienza con la recolección diaria del estiércol fresco de la vaquera. Luego, el material es transportado a un cantero de maduración, donde se inicia un proceso de fermentación aeróbica durante aproximadamente 20 días. Con respecto al oxígeno, su presencia es crucial, debido a que activa las bacterias coliformes fecales presentes en el estiércol, claves para la transformación.
Para enriquecer aún más el material, se añade una capa de vástago de plátano, un material orgánico que enriquece el compost con potasio, un nutriente esencial para la fructificación de las plantas. A medida que el estiércol madura, experimenta un cambio de coloración, pasando de un verde característico a un tono oscuro, casi negro, similar a la tierra.
Naturalmente, este cambio visual es un indicador de que el proceso de fermentación se ha completado. La pérdida de humedad es controlada mediante un sistema de drenaje que recoge el lixiviado para su uso posterior. El objetivo final es un estiércol con una humedad relativa del 20 % al 30 %, con un pH neutro y listo para ser procesado por las lombrices.
2. Preparación del Alimento para Lombrices (“Chicha Orgánica”)
Una vez madurado, el estiércol se mezcla con agua en una proporción 50/50. La mezcla, conocida en la finca como “chicha orgánica”, se deja en remojo de 24 a 48 horas para que el estiércol se hidrate completamente.
Luego, se homogeneiza para obtener una consistencia similar a una chicha, lo que facilita su consumo por parte de las lombrices. Por ello, la fabricación de este alimento es un paso fundamental para asegurar que las lombrices reciban la nutrición adecuada en un formato que puedan procesar eficientemente.
Desde una perspectiva microbiológica y nutricional, este material es un potente biofertilizante. En primer lugar, aporta una alta concentración de bacterias coliformes, que son desdobladoras de materia orgánica. Además, es rico en nitrógeno, fibra y, lo más importante, en fósforo, un elemento que a menudo es deficiente en los suelos venezolanos.
La fibra, en particular, tiene un rol vital al proteger la microbiota del suelo y aumentar la retención de humedad, un factor determinante para la producción en épocas de sequía.
Producción de Humus y su Utilización
La planta de lombricultura de la unidad de producción cuenta con 16 canteros, cada uno con la capacidad de producir 4 metros cúbicos de humus sólido anualmente. Entonces, el estiércol ya procesado se alimenta a las lombrices tres o cuatro veces por semana. Así la principal función de las lombrices es transformar este material en humus sólido, un compuesto que se distingue por estar libre de radicales, lo que, a su vez, lo hace ideal para potenciar el enraizamiento de las plantas.
Para la cosecha las lombrices se someten a un período de ayuno de 15 a 30 días. Durante esta etapa, se utilizan trampas de sacos con alimento para atraerlas, lo que permite una extracción eficiente. El proceso de recolección continúa hasta que la extracción de lombrices se vuelve prácticamente nula, asegurando que el humus esté listo para su aplicación. De este modo, la producción anual de humus sólido por cantero puede alcanzar de 10 a 15 toneladas, lo que demuestra la alta eficiencia del sistema.
También el sistema produce humus líquido a partir del lixiviado de los canteros. De manera que el líquido, rico en amoníaco, se transforma microbiológicamente en urea no proteica y con un pH ácido (entre 3 y 4), se almacena en un depósito de 27,000 litros y se aplica a los potreros en soluciones diluidas del 6 % al 8 %, lo que evita el impacto negativo en el suelo. Por lo tanto, la producción diaria de humus líquido es de 50 a 60 litros, un flujo constante que permite una fertilización regular y de bajo costo.
Beneficios Tangibles y Estrategias de Aplicación
El uso de humus de lombriz ha generado múltiples beneficios para la salud del suelo y la productividad de la finca. Entre sus bondades se encuentran:
- Retención de Nutrientes: El humus de lombriz tiene una alta capacidad de retención, lo que significa que los nutrientes no se lavan fácilmente con la lluvia. De este modo, fija elementos fertilizantes y promueve un mejor desarrollo radicular de las plantas.
- Materia Orgánica: Incrementa el porcentaje de materia orgánica en el suelo, que es la base de su fertilidad y vida.
- Estructura del Suelo: Mejora la estructura del suelo, formando agregados que promueven una mejor aireación y drenaje, lo que a su vez reduce la erosión.
- Regulación de pH: Actúa como un regulador natural del pH, neutralizando suelos ácidos o alcalinos para crear un ambiente óptimo para las plantas.
- Vida Microbiana: Es un activador de la vida microbiana y las dinámicas biológicas, incrementando la actividad de microorganismos beneficiosos y mejorando los ciclos de elementos básicos como el carbono y el nitrógeno.
- Reducción de Contaminación: El proceso de tratamiento de residuos evita la contaminación de las fuentes de agua y la liberación de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
El plan de fertilización de la finca es estratégico y se ejecuta en las épocas fuera de la temporada de lluvias (septiembre a diciembre). En tal sentido, el humus líquido se aplica en soluciones al 10 % en cañones de 600 litros, mientras que el humus sólido se distribuye directamente al suelo, a razón de 100 a 200 kg por hectárea, ajustándose a las necesidades de cada área.
Lombricultura y sistema de rotación de potreros
La combinación de la lombricultura con un sistema de rotación de potreros ha sido fundamental para los resultados obtenidos. El sistema de rotación se basa en tres principios clave para garantizar la salud del pasto y la máxima producción:
- Ocupación limitada: Los animales no deben permanecer más de 48 a 72 horas en un mismo potrero. De esta forma se minimiza el pisoteo excesivo y permite que el pasto se recupere rápidamente.
- Período de descanso: Cada potrero debe al menos tener 21 días de descanso, debido a que es esencial para que la vegetación se regenere completamente antes de ser pastoreada de nuevo.
- Manejo de vegetación: Los potreros deben ser desmatados o limpiados al menos una vez cada tres o cuatro años, reduciendo el uso de herbicidas. Así se controla la maleza y promueve el crecimiento de especies de pasto deseadas.
Maximización de la Producción: Un Enfoque en la Eficiencia y la Constancia
El resultado más significativo de estas prácticas es el aumento de la capacidad de carga animal por hectárea. Por lo tanto, el enfoque de la finca no es maximizar la producción por animal, sino la producción por superficie, lo que demuestra una comprensión profunda de la eficiencia del sistema. De forma tal que se logra una mayor biomasa en los potreros y a un sistema más productivo y resiliente a largo plazo.
Para los productores que están considerando la transición a un modelo regenerativo, el mensaje es claro: la clave es la constancia y la disciplina. De hecho, los resultados de estas prácticas no son inmediatos, sino que se manifiestan a largo plazo debido a que cada unidad de producción es única y requiere un plan estratégico a corto, mediano y largo plazo. En conclusión, no se trata de ser un productor extremista, sino de encontrar un equilibrio consciente y ejecutar las decisiones de manera consistente, paso a paso, para lograr una verdadera sostenibilidad.
Para mayor información sobre lombricultura te invitamos a leer nuestro artículo Lombricultura: beneficios, tipos e importancia.
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Equipo editorial Agrotendencia