La Climatología Agrícola

Una herramienta imprescindible en la agricultura moderna…

La climatología, en sus términos más sencillos se define como la ciencia que estudia el clima. Se fundamenta en los preceptos básicos del entendimiento de cada uno de los elementos o variables que conforman el clima y sus interacciones; se vale de la estadística para convertirlos en información.

Su importancia radica en el hecho  de la influencia que tienen las distintas variables climáticas sobre los seres vivientes. Ya sea la temperatura por controlar y regular la activida d enzimática de innumerables organismos o los riesgos ambientales, agrícolas y sociales que conlleva el incontrolable comportamiento de las lluvias. Es indudable, su papel determinante en diferentes actividades humanas, sobre todo en la agricultura.

Entendiendo el clima…

¿Es lo mismo clima que tiempo atmosférico?

En climatología, estos dos conceptos están claramente diferenciados. El tiempo se conceptualiza como la condición de la atmósfera en un momento particular, definida por el comportamiento de los elementos climáticos en ese momento. Por su parte el clima es la caracterización general de la atmósfera precisada con base en el conjunto de posibles estados del tiempo.

Un ejemplo de tiempo es la necesidad de conocer la posible actividad de la lluvia antes de salir de casa al trabajo y un ejemplo de clima, seria saber que los llanos occidentales en determinada región suelen ser más húmedos que los orientales. Su entendimiento es esencial para las planificaciones agrícolas en ambas zonas, pues estas serán claramente diferentes.

La ciencia que estudia el tiempo se conoce como meteorología y sus metodologías de análisis se basan en modelos físicos y pronósticos y apoyan la toma de decisiones tácticas y operativas en tiempo real. La climatología por su parte, se apoya en la estadística para la toma de decisiones estratégicas y de planificación a largo plazo.

¿Dónde comienza la aplicación de la climatología en la agricultura?

La climatología comienza a aprovecharse como herramienta en la agricultura, debido a la generación de información que pueda aplicarse en cualquier planificación agrícola. Para generar esta información, se deben recurrir a las diferentes formas de registro de las variables climáticas que existen.

La organización meteorológica mundial (OMM), ha establecido los lineamientos para la mejor y más adecuada forma en el registro de los elementos y se ha desarrollado lo que se conoce como el sistema mundial de información. Este sistema está integrado por el conjunto de equipos e instrumentación especializada, desde estaciones climáticas de superficie, globos meteorológicos, radares, sensores satelitales, aviones y buques meteorológicos, entre muchos otros, para la recopilación, análisis y distribución mundial de datos climáticos.

https://public.wmo.int/es/files/observations-wigospng-0

Como se explicó, la forma en el registro de las variables climáticas es diverso, al igual que la cantidad de variables que la OMM ha establecido para medirse, la cual alcanza hasta 50 elementos. Sin embargo, con fines agrícolas se aprovechan un pequeño grupo de estas variables. Estas son:

La radiación.
La temperatura.
La humedad.
El viento.
La precipitación.
La evaporación.
La nubosidad.
La evapotranspiración.

La escala de agrupación de los elementos climáticos medidos va a depender de las finalidades con los que se realice esta medición. Estas pueden ser registros horarios, diarios, mensuales, anuales, decadales, entre otros.

La precipitación se registra como la lámina de agua caída por unidad de superficie, por lo tanto, se expresa en mm y este hace referencia a un litro de agua que se eleva en un metro cuadrado. Otros elementos que se expresan en mm son la evaporación y la evapotranspiración, e indican el mismo principio, pero del agua demandada. La evapotranspiración es un término compuesto entre el agua evaporada desde el suelo o de diferentes superficies evaporantes y el agua que es transportada a través de los tejidos de las plantas hacia la atmósfera.

La radiación o energía en forma de ondas electromagnéticas liberada por el sol se puede registrar en varias unidades, siendo la más común registrada por los aparatos, la cal cm-2min-1 (Calorías por centímetros cuadrados por minuto), esta radiación que llega a la superficie terrestre es denominada radiación global. La temperatura del aire o energía cinética de los átomos del aire se registra en grados Celsius (°C) o grados Fahrenheit (°F), dependiendo del aparato.

La humedad se registra en porcentaje (%), y este indica la relación del vapor de agua en un momento determinado con respecto al espacio total. El viento se registra en km si es su recorrido, o en km/h si es su velocidad. Por último, la nubosidad se registra en octavos, es decir la cantidad ocupada por las nubes en una cúpula imaginaria que abarca todo el espacio visible del observador.

¿Qué estación meteorológica utilizar?

Se recomienda utilizar los registros que generan las estaciones climáticas en superficie, ya que proporcionan los datos de forma directa. Estas a su vez deben establecerse en un radio no mayor a 15 km si el terreno es accidentado y no mayor a 50 km en terrenos predominantemente planos. Aunque estos requisitos pueden cambiar debido a la zona donde se emplacen las estaciones.

Un ejemplo de ellos es la necesidad de disponer estaciones más cercanas en un área donde las precipitaciones muestren un comportamiento espacial más errático, como en muchos lugares de la zona intertropical. La periodicidad de la medición está establecida por la OMM pero va a depender de los objetivos con los que se realice tal medición. Los horarios más habituales son a las 8:00 am y a las 2:00 pm.

Tipos de estaciones meteorológicas

Las estaciones más comunes son las llamadas convencionales, y se denominan tipo C1 si registran todos los elementos básicos nombrados anteriormente, si no es el caso, y la estación no mide uno de los elementos, (generalmente la radiación), se denomina C2, y si faltan por medir dos elementos, se denominan C3.

Por otro lado, existen aquellas que sólo miden un elemento, (generalmente precipitación), y son denominadas PR. Otro tipo de estaciones en superficie son las llamadas automáticas. Estas, sintetizan todos los aparatos de medición que involucra una estación convencional en un solo instrumental electrónico compuesto por sensores.

Los aparatos que registran las variables en una estación convencional son los siguientes:

Los elementos y su registro

La precipitación

Es registrada con el pluviómetro (a), el cual está compuesto por una especie de embudo que dirige el agua hacia un cilindro, posteriormente el agua recolectada en el cilindro es depositada en un cilindro graduado para medirla.

La lluvia también es registrada y graficada en el pluviógrafo de sifón (c). Este se vale de un cilindro que va acumulando el agua caída hasta los diez milímetros, al llenarse, se vacía por el mecanismo físico del sifón.

Este movimiento hace mover una plumilla impregnada de tinta que registra los milímetros sobre una banda de papel especial sujeta a un tambor giratorio con un mecanismo de reloj.

La temperatura del aire

Es registrada tanto por los termómetros de máxima y mínima (f) como por el termógrafo (e). El termómetro de máxima emplea el mecanismo de la columna de mercurio mientras que el de mínima, la columna de alcohol para el registro de la temperatura máxima y mínima del día respectivamente.

Por su parte, el termógrafo, es capaz de graficar la temperatura del aire utilizando el movimiento de expansión y contracción de un anillo de metal sujeto a una plumilla impregnada de tinta que registra la temperatura sobre una banda de papel anclado a un tambor giratorio con un mecanismo de reloj. Por otro lado, la temperatura del suelo es medida por los geotermómetros (k) de mercurio, enterrados a diferentes profundidades del suelo.

La Humedad

Es registrada a partir de las diferencias de temperaturas del bulbo seco y húmedo ubicado en el psicrómetro de aspiración (f), cuyos registros son llevados a unas tablas psicrométricas en donde se consigue la humedad relativa, y otros datos, como la temperatura de rocío.

Otro aparato que mide la humedad es el higrógrafo (e), el cual se basa en el movimiento de un haz de cabello humano sujeto a una plumilla impregnada con tinta, que registra la humedad sobre una banda de papel y un mecanismo de tambor parecido a los ya descritos. En ocasiones, el higrógrafo y el termógrafo están unidos en un solo aparato, el termohigrógrafo.

El psicrómetro, los termómetros de máxima y mínima, y el termohigrógrafo se resguardan en una garita meteorológica (d), pues debido a la sensibilidad de los aparatos, la exposición directa al sol compromete la medición. Esta garita debe emplazarse de forma que las paredes estén orientadas en sentido en que el sol se levante y se oculte, para que, al abrir las puertas de la garita, los aparatos no reciban la radiación directa.

La radiación global y las horas de insolación

Es graficada por el actinógrafo (h), el cual depende de tres bandas sensibles de color negro y blanco que se mueven al recibir la radiación y permiten registrar dicha radiación sobre una banda sujeta a un tambor giratorio. La insolación u horas de sol brillante, se grafica en el heliofanógrafo (g), el cual es una esfera de vidrio que concentran la radiación en un punto como un efecto lupa. Esto permite quemar una banda sensible colocada por debajo de la esfera.

La evaporación y la evapotranspiración

Es registrada por medio de la tina de evaporación tipo A (b), cuyo instrumento de medición es un tornillo con gancho o tornillo limnimétrico, que permite medir la columna de agua evaporada en mm (milimetros) La evapotranspiración por su parte no se mide directamente en las estaciones, pero se han desarrollado fórmulas empíricas que se valen de las relaciones entre otras variables climáticas para su estimación. Una de las fórmulas más recomendadas a nivel mundial es la ecuación de FAO-Penman Montieth.

El viento

La veleta (i) indica la dirección del viento, mientras que el anemómetro (j) registra el recorrido del viento en km, con el cual se puede calcular su velocidad al tomar en cuenta el tiempo de registro.

¿Qué ocurre luego de registrados los elementos?

Posterior al registro de los elementos, la generación de información necesaria en cualquier actividad agrícola debe pasar por una serie de pasos, donde el primero es el procesamiento.

Paso 1: validación de datos

Este consiste en la organización de los datos en tablas y la aplicación del control de calidad ya que, como cualquier base de datos, estos deben presentar una calidad adecuada para su aprovechamiento. Los criterios de calidad son la longitud, detección de datos faltantes, homogeneidad y tendencia, donde entra en juego la estadística como herramienta por excelencia a través de fórmulas y gráficas.

La longitud de las series climáticas es variable de acuerdo con el elemento. La OMM establece que la longitud ideal para la radiación, temperatura, evaporación, viento y humedad es de diez años, mientras que para la precipitación es de 20 años. No obstante, debido a que este último elemento puede presentar una elevada variabilidad temporal, esta longitud puede ser mayor dependiendo de los objetivos en que se utilice.

En relación con la cantidad de datos faltantes, lo más correcto es que no haya datos ausentes, sin embargo, los errores en la medición inherentes al ser humano, pueden generar esta ausencia de datos. Por lo que, los científicos recomiendan que para que una serie de datos climáticos pueda utilizarse, lo ideal es que haya un máximo de 10 por ciento de datos faltantes.

Homogeneidad de los datos registrados

La homogeneidad es un requisito esencial en los datos climáticos. Esta indica que el registro de todos los años proviene del mismo aparato. Para corroborar que los datos son homogéneos, se aplican diferentes pruebas estadísticas, una de las más comunes es la prueba de rachas.

La tendencia es un cambio en el registro temporal de los datos climáticos. Este registro se proyecta con una gráfica de línea, lo que se conoce como serie temporal. En la serie temporal se ajusta una línea media y si esta línea muestra una pendiente pronunciada, de modo que se puede sospechar que los datos presentan tendencia.

Esto puede atribuirse a  errores en el registro, cambio del observador o incluso, alteración de la serie producto del cambio climático. Sin embargo, es requisito indispensable que la serie a utilizar no presente tendencia.

Paso 2: caracterización de elementos

Luego de haber realizado el control de calidad, se realiza la caracterización de los elementos y, por lo tanto, del clima.

En principio, se aplica la estadística básica, conformada por el conteo de los datos, el cálculo del promedio, la desviación estándar, el coeficiente de variación. Los valores máximos y mínimos se suelen aplicar a estas estadísticas para conocer la naturaleza intrínseca de los datos.

Otros estadísticos pueden ser los que detectan normalidad, siendo los principales ejemplos las pruebas de Shapiro-Wliks o de Kolmogorov-Smirnoff.

¿Cuándo aplicamos la climatología en la agricultura?

Los periodos de crecimiento según la FAO y los balances hídricos

Luego de haber conseguido los datos necesarios y con su respectiva calidad, a la hora de aprovechar los beneficios que aporta la climatología en el campo de la agricultura, se han desarrollado una serie de aplicaciones.

En el área de la producción vegetal y sobre todo para la agricultura de secano o la agricultura dependiente de las precipitaciones, se han de generado varios procedimientos. Para el año 1970 la FAO, publica lo que se conoce como periodos de crecimiento. Estos periodos corresponden al momento durante el cual la demanda de agua de los cultivos representada por la evapotranspiración potencial (ETo) es satisfecha por las precipitaciones.

Esta comparación se realiza en un gráfico de líneas donde se proyectan los acumulados mensuales de la precipitación, ETo y la mitad de la ETo, y en el punto donde se interceptan estas líneas comienza lo que se conoce como periodo de disponibilidad de agua. Estos periodos hacen referencia a la humedad necesaria para algunas labores agrícolas.

Formas de aplicación en la agricultura

Opción 1: reglas generales

Si la mitad de la ETo es satisfecha por las precipitaciones, comienza lo que se conoce como periodo prehúmedo o poshúmedo, si se inicia antes o después del periodo húmedo respectivamente. Para esta época, se considera que la humedad en el suelo es lo suficiente para el inicio de las labores de preparación de suelos y siembra, así como cosecha, según sea el caso.

Para cuando las precipitaciones satisfacen la ETo por completo, se considera que la humedad es la adecuada para el desarrollo fisiológico del cultivo y maduración de sus frutos. La época en la que las precipitaciones no satisfacen ni siquiera la mitad de la demanda se conoce como periodo seco.

En este último periodo no se recomienda aplicar labores de preparación de suelos, pues la remoción de las capas superficiales del mismo con una pobre humedad generaría la destrucción de los agregados, provocando daños en su estructura, así mismo, sólo es adecuada para la cosecha de la parte aérea de los cultivos. No obstante, es ideal para aquellos cultivos susceptibles a los excesos de humedad como algunas hortalizas, donde es preferible disponer de sistemas de riego artificiales.

Beneficios del método

La versatilidad de este método está en que la proyección de los valores climáticos en la gráfica proporciona las fechas de los inicios y término de los periodos, así como su duración, permitiendo programar a los agricultores el calendario de siembra de sus cultivos.

Es importante aclarar que la aplicación del periodo de crecimiento en regiones que se encuentren en la zona extra tropical (por encima de los 27,5 ° de latitud Norte y Sur), la temperatura y no las precipitaciones, es la que determina el posible inicio y longitud de estos periodos, debido a que manifiesta una importante amplitud anual y las temperaturas deben ser igual o superior a 5°C para permitir el desarrollo de la mayoría de los cultivos.

Opción 2: el balance hídrico

Otro de los métodos ampliamente utilizados es el de balance hídrico. Este es un método contable en el que la cantidad de agua de lluvia se compara con la evapotranspirada y permite considerar el efecto del suelo.

Su interacción genera volares derivados, como el almacén de agua en el suelo, la evapotranspiración real (ETr), o el agua realmente evapotranspirada, el déficit y el exceso de agua.

Esta metodología puede complementarse con la de periodos de crecimiento, pues aporta información adicional que no toma el primero. Por otro lado, la escala en que se aplique el balance hídrico puede cambiar de acuerdo con su objetivo, pudiendo ser diaria, semanal, decadiaria, y permite hacer un seguimiento en tiempo real de las condiciones de humedad.

La información derivada de las metodologías anteriormente descritas no puede aprovecharse realizando el periodo de crecimiento o el balance hídrico de sólo un año, debido a que la precipitación presenta una elevada variabilidad temporal.

Es común que las lluvias en cualquier región no inicien el mismo día todos los años, ni proporcionen la misma lámina caída. Para que el agricultor disponga de una herramienta lo más certera posible, es necesario realizar tanto periodos como balances hídricos seriados, es decir, aplicar los procedimientos descritos para cada año de toda la serie de registro y calcular la frecuencia de probabilidad de ocurrencia asociada a cada uno de los elementos conseguidos por cada método.

Esta frecuencia se calcula ordenando los valores conseguidos para cada método. Los referentes a lámina, como los de lluvia, déficit y excesos, así como las duraciones de las condiciones se ordenan de mayor a menor. Posteriormente, se le asigna una numeración a cada valor o número de orden y se calcula la frecuencia, dividiendo este número entre el número total de años por cien.

Estas frecuencias indican la cantidad de veces que se presenta un monto o mayor a este. En relación con las fechas, la cantidad de veces que ocurre un evento o antes. En agricultura, una probabilidad del 75 % se considera como satisfactoria para organizar los ciclos de los cultivos. A su vez, las probabilidades restantes indican el riesgo asociado en estos ciclos, equivalente al 25 %.

Un ejemplo de lo anterior sería de acuerdo con la tabla de la derecha, empleando una frecuencia del 77 %, ya que es el más cercano al 75 % recomendable, el periodo prehúmedo dura 10 días o más, el húmedo, 134 días o más, y el poshúmedo 10 días o más.

Mientras que, para la tabla de la izquierda, en el 77 % de los años, el prehúmedo comienza el 8 de agosto o antes, el húmedo el 6 de junio o antes y el poshúmedo el 1 de Septiembre o antes.

Por lo tanto, el aplicar la frecuencia de ocurrencia de las condiciones de disponibilidad y de los resultados de los balances hídricos son una herramienta por excelencia en la agricultura de secano, siendo también útil en la agricultura bajo riego, pues el monitoreo de las condiciones climáticas es fundamental para la dosificación de las láminas aplicar.

 

Los índices: otra alternativa para aprovechar información del clima

Los índices son otras de las herramientas que se han desarrollado para aprovechar el clima como un recurso en la agricultura. Un índice se conceptualiza como un número que indica la magnitud de la relación entre varios elementos y se han desarrollado una gran variedad de estos que relacionan el clima con las labores agrícolas, siendo conocidos como índices agroclimáticos.

Estos índices agroclimáticos pueden ser muy útiles para los agricultores al momento de seleccionar alguna opción de manejo del cultivo y el tipo de tecnología que será utilizada.

Los índices agroclimáticos pueden ser usados en la descripción del efecto de las condiciones climáticas sobre algún aspecto clave de la agricultura, esto incluye producción, protección, fertilización, selección de sitios, riego, etc.

¿Las plantas y la temperatura?

Índice de grados-día.

Al momento de establecer una siembra, es conveniente saber la fecha aproximada de la cosecha del cultivar que se va a producir, y esta varía de acuerdo con las condiciones ambientales, siendo la principal, la temperatura y no la cantidad de tiempo transcurrido.

Esto fue descubierto por Reaumur en el año 1735, el cual acuñó el término de “Constante térmica fenológica”, y se entiende como la cantidad de temperatura requerida por una planta para alcanzar algún estado de madurez en grados por día. Por lo tanto, todas las plantas cultivables y no cultivables necesitan acumular una cantidad específica de grados para poder alcanzar la cosecha, la cual puede variar dependiendo de la especie, de la variedad e incluso del cultivar.

Para el cálculo del índice se necesitan los registros diarios o promedios mensuales de temperatura, así como la integral térmica o cantidad específica de grados necesarios demandados por la planta y la temperatura base de cada cultivo. La temperatura base (Tb) es la temperatura a partir de la cual la planta empieza acumular grados.

El cálculo inicia con la resta de la temperatura diaria o promedio mensual y la temperatura base, los grados resultantes se van sumando día a día o mes a mes hasta alcanzar la integral térmica. Una vez conseguido la totalidad de grados exigidos, la planta ya ha alcanzado la de maduración de los frutos o llenado de granos y, por lo tanto, ya se encuentra en época de cosecha.

Papel de la radiación solar en el crecimiento de las plantas

El índice de producción potencial

Además del agua, es indudable que la radiación solar tiene un papel determinante en los rendimientos de los cultivos, por lo tanto, es recomendable saber si la radiación de la zona donde se establece un cultivo particular puede garantizar los rendimientos esperados. Para ello se ha desarrollado el índice de producción potencial. Este índice se vale de la fracción real de radiación que es convertida en materia seca. La cual se ha estimado solamente en el 1 % en condiciones de campo.

Este índice precisa para su cálculo el registro diario o promedio mensual de la radiación global. Esta es multiplicada por el 1 % de aprovechamiento y dividido entre la cantidad máxima de energía que se ha establecido en forma estándar como la necesaria para producir un kilogramo de materia seca.

Siendo esta cifra un monto promedio y puede variar dependiendo de la especie y la variedad de las plantas. Una vez hecho este cálculo se multiplica por los días del mes. Se realiza este procedimiento por todo el tiempo que dure el cultivo en campo, y al final se suman los kilogramos por metro cuadrado por días conseguidos durante todo el ciclo y así determinar los kg en materia seca producidos.

¿Y en la producción animal no hay índice?

El índice de temperatura-humedad (ITH)

La producción animal, sea cual sea el tipo de producto rentabilizado, necesita del monitoreo de las condiciones ambientales, pues esta puede tener importantes efectos en el desarrollo de los organismos. Un ejemplo de ello es la producción de pollos de engorde, donde los galpones disponen de ventiladores y aspersores para controlar la temperatura, pues cambios imprevistos en ella, puede acarrear estrés y hasta la muerte de los animales y, por lo tanto, disminución en la producción.

Para realizar este monitoreo y prevenir pérdidas inesperadas se ha desarrollado el índice conocido como índice de temperatura humedad. Este índice relaciona la humedad relativa (HR) y la temperatura del aire (Tx) y proporciona una idea del grado de confort o estrés ambiental al compararlo con ciertos umbrales. A continuación, la fórmula para el cálculo del ITH y 2 graficas donde se observa la influencia del ITH en la ganancia de peso (izquierda) y en la producción de leche por día (derecha).

ITH=(1,8×Tx)+(0,55×HR)+31,45

Planificación operativa y estratégica: la única forma de aprovechar al máximo la información sobre el clima

La planificación es la única opción que tiene el agricultor de aprovechar el clima como un recurso en la agricultura, debido alto nivel de incertidumbre generado por la elevada variabilidad tanto temporal como espacial de algunos elementos.

Esta planificación se cimienta en el complemento de los requerimientos de las labores agrícolas, cultivos y animales con lo ofertado por el clima. Existen dos tipos de planificación, la operativa, la cual tiene implicaciones a corto plazo y la estratégica, a largo plazo. Toda planificación debe considerar tres aspectos:

Que datos se tienen o requieren tanto de la oferta como la demanda.

Los procesamientos que son requeridos.

Y qué tipo de decisiones puede apoyar cada tipo de planificación.

La planificación operativa

En la planificación operativa se requiere de la información de los días previos, en tiempo real y el pronóstico meteorológico de todas las variables climáticas necesarias, los requerimientos y situación actual de los cultivos, animales, labores, plagas, enfermedades y umbrales que favorecen su aparición.

Respecto a los procesamientos, para este tipo de planificación, estos involucran el monitoreo y pronostico a corto plazo de los índices agroclimáticos, resultados de los balances hídrico, condiciones sanitarias y de trabajabilidad y rendimientos.

Las decisiones que apoya es la elección del día de la preparación de suelos, siembra y cosecha, así como el control de plagas y enfermedades, aplicación de fertilizantes, control de temperatura y humedad en ambientes controlados y operación de sistemas de riego.

Un ejemplo de planificación operativa es el sistema “IRRIGA”, desarrollado por la Universidad Federal de Santa María en Brasil.
Su objetivo principal es conformar un sistema de riego práctico, funcional y fácilmente aplicable en el campo, con un adecuado manejo del agua de riego.

Este sistema genera diariamente la hoja de irrigación correcta que se aplicará en cada cultivo monitoreado, así como la programación de los riegos para los próximos 7 días.

Hoy día son más de 30 mil hectáreas monitoreadas por este sistema con cultivos como maíz, sorgo, braquiarias, arroz, soya, trigo, entre otras.

Para la planificación operativa, el apoyo de la tecnología es fundamental. Ejemplos de las herramientas tecnológicas utilizadas son el uso de aeronaves no tripuladas o drones, con los cual se toman imágenes de los cultivos para conocer su estado de desarrollo, el agua demandada y la temperatura del aire en el mismo.

También se utilizan sensores de medición directa, como los que determinan la cantidad de radiación fotosintéticamente activa que aprovechan las plantas al momento de la medición.

Algunas empresas han desarrollado aplicaciones para teléfonos inteligentes donde hacen recomendaciones a los agricultores no solo del estado actual del tiempo, sino la dosificación de las láminas de riego y controles de humedad.

Planificación estratégica

En la planificación estratégica los datos requeridos son los registros climáticos históricos de lluvia (más de 20 años), ETo, temperaturas, radiación global, humedad y viento (al menos 10 años), así como también, las características y requerimientos de cultivo, animales y labores, al igual que las condiciones que favorecen la aparición de plagas y enfermedades.

Los procesamientos involucran la descripción estadística de los elementos climáticos, determinación de los periodos de crecimiento y balances hídricos, uso de índices agroclimáticos, elaboración de mapas agroclimáticos y modelos de simulación de crecimiento de cultivos, erosión y escurrimiento.

La información agroclimática generada apoya la selección de los cultivos (variedades) y animales (razas), zonificación de cultivos, selección de sistema de labranza y maquinaria agrícola, planificación de sistemas de riego y drenaje, diseño de infraestructura agrícola y elaboración de calendarios agrícolas.

Uno de los ejemplos más notables de planificación estratégica fue el proyecto de zonificación agroecológica de la FAO en el año 1981.

En este se determinó el potencial de producción en régimen de secano en África, América Central y del Sur y en Sudoeste y sudeste de Asia. Se determinaron las zonas idóneas para el establecimiento de 11 cultivos importantes para las regiones analizadas; trigo, arroz, maíz, mijo perla, sorgo, papa, batata, yuca, Phaseolus, soya y algodón.

Desde el punto de vista climático se determinaron las zonas más idóneas, identificando los lugares en los cuales se satisfacen los requerimientos de temperatura y fotoperiodo de los cultivos. De la misma forma, se identificaron los lugares en los que además se satisfacen los requerimientos de agua.

Los calendarios agrícolas

De manera más accesible a los agricultores, un ejemplo más puntual de la planificación estratégica son los calendarios agrícolas. En un calendario agrícola, se definen los días y las duraciones específicas con una probabilidad del 75 % de éxito de los ciclos productivos, aplicando todas las herramientas anteriormente descritas.

Se realizan los periodos de crecimiento y balances hídricos seriados y se calculan los análisis de frecuencia para extraer las fechas, duraciones y láminas probables. Por otro lado, se estima la duración del ciclo a partir del índice de grados-día y así conseguir la fecha de cosecha.

Un principio primordial de los calendarios es la garantía de la humedad suficiente en el periodo crítico del cultivo. Este periodo se entiende como en donde el cultivo no puede sufrir reducciones ni excesos de agua, pues podrían comprometerse los rendimientos esperados.

Reflexión final

Las bondades que ofrece la climatología en la agricultura son diversas, por lo que su uso es fundamental, ya que, aunque es un recurso, posee la particularidad de que no puede manejarse ni mucho menos controlarse, por lo que su aprovechamiento sólo es viable a través de la planificación.
Aun así, la mayoría de las herramientas que se basen en este tipo de recurso siempre estarán sujetas a un margen de error que el agricultor debe tener presente, por lo que debe apoyarse en otros recursos adicionales para garantizar los mejores resultados de sus labores en campo.

Compilador.

Ing. Agr. Miguel Silva

Referencias consultadas

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