Estrés Calórico en el Pollo de Engorde, “Un enemigo Silencioso”

La producción avícola en general ocurre como un sistema de producción intensivo y como toda actividad productiva existen variables que interfieren en el proceso, en este sentido resulta de interés zootécnico el conocimiento sobre el efecto del clima en pollos de engorde como un enemigo silencioso.

Los factores ambientales, medidos por la temperatura, la humedad relativa, radiación solar y velocidad del aire, afectan directamente el comportamiento de las aves, comprometiendo uno de los procesos fisiológicos más importante: el mantenimiento de su temperatura corporal ya que las aves son homeotermos, lo que quiere decir que deben mantener la temperatura corporal constante, por tal motivo los efectos del calor son particularmente importantes.

 

Ya que durante las épocas de mayor calor, las temperaturas pueden sobrepasar los 36°C durante varias horas del día provocando una disminución del consumo de alimentos y generando mortalidades en pollos de engorde que pueden alcanzar 20% de la producción total, disminuyendo la eficiencia productiva y aumentando los costos de producción.

 

 

Curiosamente para compensar las oscilaciones de temperatura y mantener el equilibrio, las aves disponen de una serie de mecanismos de adaptación, mediante modificaciones de su comportamiento y fisiología, en este sentido en el caso de los pollos, cuando ya están totalmente emplumados (alrededor de cinco semanas de vida, casi el final de su ciclo productivo) es cuando son más sensibles al estrés térmico por calor. Como aproximación, se considera que se dan condiciones ambientales de estrés por calor, cuando a partir de 27ºC, la suma de la humedad relativa y la temperatura sea mayor de 105.

En consecuencia, las aves reducen la ingesta para evitar el calor metabólico. Cuando se combinan humedades relativas elevadas con altas temperaturas, las aves pierden capacidad de disipar calor. En situaciones de estrés térmico los pollos y las gallinas también, al igual que las personas, reducen la ingesta para evitar el calor metabólico. Esta reducción no es lineal pero el problema se agudiza a medida que aumentan las temperaturas.

Por cada grado por encima de 32-38ºC, el ave reduce su ingesta un 5%. En estas situaciones, los parámetros productivos se ven reducidos y para evitarlo se deben tomar acciones a nivel de la granja que minimicen estos efectos, en este orden de idean algunos estudios recomiendan:

Implementar medidas de manejo, así como realizar tratamientos. Una sola medida por sí sola no solucionaría el problema, sino que se debe combinar mejoras en el manejo, en las instalaciones, en la dieta así como en los tratamientos en el agua de bebida.

 

  • En regiones cálidas se recomienda el uso de raciones de alta energía, sobre todo en el período inicial de producción, ya que el consumo de pienso es bastante bajo y podrían caer en déficit energético.
  • Se debe evitar cualquier circunstancia que provoque hacinamiento de las aves.
  • Realizar ventilación correcta, para mantener la humedad relativa por debajo del 75% evitando corrientes de aire en las naves y zonas con ventilación defectuosa que pueden provocar un exceso de amoniaco, y un incremento de las enfermedades respiratorias.
  • Realizar tratamientos en el agua de bebida.
  • Rociar desde el exterior los techos de las naves con agua.
  • Emplear nebulizadores internos.

Por lo antes expuesto es sin duda importante dar a conocer  este tema, además de la hiperventilación y la temperatura corporal como indicadores fundamentales de los procesos de estrés térmico de las aves como herramienta de relevancia utilidad para la investigación científica en este campo, asimismo  los efectos a nivel molecular representan una ventana para la explicación de muchas de estas respuestas, lo cual sugiere la profundización de su estudio.

Esperamos sea de gran utilidad y nos dejes tus comentarios.

Fuente: Ing. Agr. Ralexys Hernández

Foto: Archivo

 

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