Alemania y el auge de la apicultura urbana

“¿No son lindas?”, pregunta la pequeña Sonja, de 9 años, mientras dos abejas se posan sobre uno de sus guantes. Sonja no tiene miedo de que la piquen. La niña lleva puesto un traje blanco de apicultora y guantes que la protegen. Junto con su madre y dos vecinos, Sonja aprende en el jardín de su casa de Colonia los rudimentos de la apicultura en el marco de una iniciativa que impulsa el proyecto “Apicultura en la vecindad”.

Kertin Kopp es responsable del proyecto. Junto con algunos vecinos, busca a la abeja reina dentro del enjambre de abejas y zánganos. A veces, la única pista que tienen para encontrarla son los huevos que deposita en el panal. Cuando consiguen hallar a las reinas, las marcan con un pequeño punto amarillo para lograr encontrarlas más fácilmente la próxima vez. Uno de los participantes dirige humo a través de un fuelle hacia el enjambre. Las abejas sienten peligro y se quedan cerca de la colmena. Esta medida protege a los vecinos contra las temidas picaduras.

Un pasatiempo de moda

Lo que antes era un pasatiempo exótico para hombres de cierta edad, ahora parece ser un entretenimiento para personas cada vez más jóvenes, entre ellos muchas mujeres. En paralelo a tendencias como los jardines urbanos, la apicultura es el pasatiempo de moda. Los apicultores aficionados colocan una comunidad de abejas en el jardín o en el balcón de su casa. Solo en Colonia la cifra de apicultores urbanos se ha triplicado en los últimos años hasta casi 300. Iris Pinkepank y Stephanie Breil reconocen que es una afición que está de moda. “La tendencia viene de los movimientos de autoabastecimiento y cultivo propio, dentro de una especie de retorno de la naturaleza a la ciudad”, explica Pinkepank.

“Es sencillamente fascinante cuidar de estos animales en un entorno urbano”, dice Breil. “La apicultura es una afición joven, femenina e innovadora”, asegura.  Su proyecto HonigConnection se inició en febrero de 2018, tras ser fundado por la Unión de Apicultores de Colonia. Su objetivo es poner en contacto a las personas comprometidas por las abejas y, al mismo tiempo, sensibilizar sobre la protección de este insecto.

“Ahora ya no se practica la apicultora teniendo como objetivo primordial la obtención de miel, sino que nos importa el bienestar de las abejas y que puedan vivir bien”, explica Breil. Esa es una amarga realidad, ya que los pesticidas, los monocultivos y las superficies cerradas restan espacio y posibilidades alimenticias a las abejas en el campo. Las consecuencias son bien conocidas: la muerte masiva de estos insectos en todo el mundo. Los expertos temen que algunos tipos de abejas se hayan extinguido por completo en el plazo de algunos años. Las abejas no son solo insustituibles en la producción de miel, sino también en el proceso de reproducción de las plantas.  Sin ellas, la verdura y la fruta se convertirían en productos de lujo, ya que las abejas polinizan alrededor del 80 por ciento de las plantas. Tras el cerdo y la ternera, la abeja es considerada el animal más importante para la alimentación humana.

Sin insectos, no hay polinizadores

Posible propagación de enfermedades

El creciente número de apicultores aficionados urbanos es motivo de alegría para apicultores profesionales y activistas por el medioambiente. Pero también causa preocupación, ya que la Unión Alemana de Apicultores teme que los aficionados no tengan suficiente formación para el cuidado de estos insectos.¿Cómo evitar peligros? ¿Cómo debo cuidar a mis abejas? Son cosas que uno debe aprender y no solo leyendo en internet”, dice la representante de los apicultores alemanes, Barbara Löwer. “En las ciudades con grandes poblaciones de abejas es más fácil la propagación de enfermedades como la loque europea, una afección bacteriana que se propaga rápidamente”, teme Löwer. La capital alemana, Berlín, por ejemplo, es una de las que tiene sobrepoblación de abejas.

Por ese motivo, las apicultoras de Honig Connection aconsejan realizar cursillos intensivos e inscribirse ante la autoridad veterinaria, con el fin de que las comunidades de abejas estén bien localizadas. “Nosotras siempre preguntamos a los aspirantes a apicultores de qué manera desean involucrarse en este mundo. Pueden hacerlo con una pegajosa colmena llena de abejas que pican o elegir otra manera de ayudar a estos insectos menos peligrosa, que no da trabajo y que también es accesible para los niños”, dice Pinkepank.

Fuente: http://www.agroalimentando.com

Foto: Archivo