A mayor número de especies de abejas, mejor polinización

El número de especies de abejas duplica al de pájaros. Cada una de las 20.000 especies de estos insectos desempeña un papel importante en el ecosistema. Un nuevo estudio internacional, con participación de la Estación Biológica de Doñana, revela que son necesarias al menos 50 especies para obtener una adecuada polinización de los cultivos de frutas y verduras.

 

<p>Las abejas, como agentes polinizadores, tienen un papel clave tanto en el ecosistema como en la alimentación del ser humano. / <a href="https://media.eurekalert.org/scipak/gallery/images/2018-02/winfree6HR.jpg" target="_blank">Jason Gibbs</a></p>

Las abejas, como agentes polinizadores, tienen un papel clave tanto en el ecosistema como en la alimentación del ser humano.

 

Las abejas tienen un papel clave tanto en el ecosistema como en la alimentación del ser humano. Junto a murciélagos y algunas aves, estos insectos, de los que existen más de 20.000 especies, llevan a cabo la polinización de las plantas con flor, que incluyen las de frutas y verduras y según informa la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), Asi inciden sobre el 35% de la producción agrícola mundial.

Para maximizar la polinización, además de la abeja de la miel, se necesita la acción conjunta de abejas silvestres

Sin embargo, hasta ahora, las investigaciones han subestimado el número de especies de abejas necesarias para una correcta polinización en cultivos de frutas y verduras. Para asegurar la transferencia suficiente de polen se usan colonias de abeja de la miel (Apis Mellifera).

Un estudio, publicado en la revista Science, revela ahora que la actividad polinizadora que desempeña esta especie no es suficiente para este cometido, sino que necesita la acción conjunta de abejas silvestres para maximizar la producción.

El trabajo, liderado por Rachael Winfree, de la Universidad de Rutgers (EE UU) con participación de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), ha contabilizado las especies de abejas necesarias para polinizar los cultivos de sandía, arándanos y grosella en 48 fincas agrícolas de la región del Atlántico medio de EE UU.

Para entender el impacto de la diversidad de abejas en la transferencia de polen a gran escala, los investigadores midieron la cantidad de estos granos microscópicos que cada especie proporciona en una sola visita. Los resultados destacan que de las 100 especies que encontraron más de 50 eran indispensables para asegurar la correcta polinización de las fincas.

“Si queremos mantener la polinización de las frutas y verduras que comemos, necesitamos conservar muchas más especies de abejas de las que pensábamos”, explica a Sinc Ignasi Bartomeus, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana.

“Esto pasa porque, en una finca determinada, se puede asegurar la correcta polinización del cultivo con pocas especies. Sin embargo, en otra finca ese papel lo harán tipos de abeja diferentes. Así, en un paisaje entero, el número de especies necesarias se incrementa sustancialmente”, concluye el investigador.

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Las abejas, junto con otros agentes polinizadores, inciden sobre el 35% de la producción agrícola mundial. / Jason Gibbs

Los experimentos no se corresponden con la realidad

Hasta ahora, numerosos estudios han investigado la influencia de la biodiversidad en las funciones del ecosistema como la producción de biomasa, el ciclo de nutrientes o la polinización. Sin embargo, se debate si los hallazgos de los experimentos de campo y laboratorio realmente se pueden aplicar a los sistemas naturales.

Según los investigadores, este tipo de experimentos no son suficientes para comprender cómo afecta la biodiversidad en las funciones del ecosistema, ya que no abarcan factores y circunstancias esenciales que sí son vitales en la naturaleza.

“La conservación de la biodiversidad y la producción agrícola han de ir de la mano”, declara Ignasi Bartomeus

En primer lugar, existe una gran diferencia en la superficie estudiada: mientras que los experimentos analizan áreas de unos 3 m2, los espacios naturales se extienden a lo largo de miles de km2. Esto supone ignorar factores como la distribución de las especies y otros patrones espaciales que influyen en el ecosistema.

Por otro lado, al realizar experimentos se controlan condiciones relacionadas con la estructura de la comunidad, así como la variedad de especies. Sin embargo, en las comunidades silvestres no solo varía la biodiversidad, sino también la composición, la dominancia y la abundancia de cada población.

“Los experimentos tienen la ventaja de que puedes controlar todas las variables que no te interesan y focalizarte en una sola, en este caso, la riqueza de las especies. Pero hay factores que no pueden detectarse en experimentos”, explica Bartomeus, para quien es imprescindible estudiar a escala real los efectos de la diversidad sobre la producción de alimentos.

El estudio demuestra así que en escalas espaciales más pequeñas, conseguir la polinización del 50% requiere 5,5 especies de abejas. Sin embargo, alcanzar el mismo umbral en las 48 fincas, requiere 55. Esto pone de manifiesto que los lugares con bajos niveles de polinización requerirán de más o incluso de todas las especies de abejas, incluyendo las más extrañas, para alcanzar un nivel suficiente.

“Esto son muy buenas noticias, porque implica que la conservación de la biodiversidad y la producción agrícola han de ir de la mano y que se puedan generar ciclos sostenibles donde todos ganamos”, concluye el experto.

Fuente: http://agroalimentando.com

Foto: Archivo