Las moscas, insectos que salvan los cultivos de la caña

Moscas que salvan los cultivos de caña

A los cultivos de caña de azúcar se les realizan monitoreos permanentes durante todo el ciclo, con el fin de observar el comportamiento de las plagas. Una de las mayores amenazas está en el gusano conocido como Diatraea.

Por esto, no deja de sorprender que estos insectos tengan una alta demanda en la actualidad, y más aún, que en el Valle del Cauca existan cerca de 13 laboratorios donde se reproducen de forma artificial para atender el próspero mercado de moscas.

Pero, ¿quiénes son los que están tan dispuestos a comprarlas por un precio que oscila entre $300 y $350 la  unidad?

Los clientes suelen ser ingenios azucareros y agricultores particulares. Si bien no se trata de algo nuevo, lo cierto es que este proceso que involucra investigación, cultivos, plagas, ahorros económicos y cuidado del medio ambiente, es aún desconocido para muchas personas.

La historia se remonta 40 años atrás, cuando el ingeniero agrónomo Jaime Gaviria las trajo desde el exterior al norte del Valle, inicialmente, debido a su utilidad como controladoras de la principal plaga que azota al tallo de la caña de azúcar, un gusano al que llaman Diatraea. Su poder es tal, que puede representar pérdidas drásticas en la producción si no se actúa a tiempo.

Esta mosca que se utiliza como control biológico pertenece a la familia llamada taquínidos y mide unos 9 milímetros. Es muy diferente a la mosca doméstica, cuyo tamaño es de 6 milímetros. Además, la mosca taquínida no suele vivir cerca a centros urbanos y no se alimenta de desechos orgánicos.

Germán Vargas, coordinador del área de entomología del Centro de Investigación de la Caña de Azúcar de Colombia, Cenicaña, explica que los tallos de caña están formados por nudos y entrenudos; estos últimos son la comida preferida del gusano, lo cual impide el crecimiento del tallo. Ahí es donde la taquínida entra a cumplir su misión: salvar el cultivo.

Moscas que salvan los cultivos de caña

           Se estima que en el mundo existen más de 10.000 especies diferentes de mosca taquínida.

Moscas que salvan los cultivos de caña

   Los laboratorios deben manejar una temperatura y un ambiente especiales para reproducir las moscas.

Moscas que salvan los cultivos de caña

         La cantidad de moscas liberadas en un cultivo depende del daño que haya hecho la plaga.

“Las moscas se guían por los olores, en este caso, a medida que Diatraea perfora la caña y empieza a comer los entrenudos, deja sus excrementos, los cuales tienen un olor  característico que atrae a las taquínidas.

Cuando esto ocurre, las moscas ponen sus huevos en las hojas o tallos y entran a la caña para alimentarse del gusano hasta devorarlo por completo. Así, matan la plaga, dejando el tallo libre para crecer”, explica Belliney Arboleda, bióloga y directora de Biocol, uno de los laboratorios que produce y comercializa estos insectos.

Una vez son liberados en los cultivos y luego de poner sus huevos, las taquínidas pueden durar entre ocho y diez días antes de morir.
En tanto que las que nacen de sus huevos, necesitarán del gusano (Diatraea) para alimentarse y seguir reproduciéndose.

En 1970 el Ingenio Riopaila Castilla fue el primero en montar un laboratorio para multiplicarlas, lo cual motivó a otros a implementar también estas ‘fábricas’ de moscas. Esta fue una labor liderada por el agrónomo Jaime Gaviria, quien años después formó su propio laboratorio, conocido como Biodefensas Agrícolas, situado en Andalucía (Valle). El mismo brinda apoyo técnico para la investigación a varios ingenios.

En ese tiempo, “como miembro de la Organización Internacional de Control Biológico incentivamos la producción de estos insectos y se produjeron más de 30 especies en Riopaila”, afirma Gaviria. Aunque no todas resultaron exitosas para el control.

Hoy también los reproducen Mayagüez, Incauca, María Luisa y Pichichí, entre otros.

“Estos controladores naturales han tenido tan buenos resultados, que la agroindustria de la caña descartó, desde la década de los años 60, el uso de insecticidas químicos para controlar su principal plaga”, indica Vargas, de Cenicaña.

Por ello, al usarlos en vez de productos químicos, se le hace un enorme favor al medio ambiente. Porque históricamente los expertos han insistido en que los mismos afectan los suelos, las plantas, el agua y otros ecosistemas, así como la salud humana.

Cenicaña investiga permanentemente el uso de estos organismos de acuerdo con el tipo de Diatraea que ataca los cultivos en la región para lograr una mayor efectividad en su control.

“El 70 % del área sembrada de caña de azúcar en el Valle es propiedad de agricultores particulares; el 25 % es tierra de ingenios.

Aproximadamente 2700 personas particulares son clientes potenciales de estos insumos biológicos”, sostiene Vargas.

Los laboratorios “realizan una producción masiva y controlada de insectos, de forma exponencial y totalmente manual para manipular su desarrollo”, cuenta Fredy Alberto Vélez Rodríguez, de la Corporación Agropecuaria en Armonía con el Medio Ambiente (AMA), una ONG ubicada en La Victoria (Valle). El objetivo de esta entidad es la protección del medio ambiente, desarrollando la producción y liberación de insectos benéficos para el control de plagas en los cultivos.

El proceso que se realiza en el laboratorio para lograr la multiplicación de la mosca, consiste en criar, por un lado la plaga, y por otro, la taquínida, ambas, con una dieta artificial.

Una vez cada una de las especies estén formadas, se juntan y ahí es cuando la mosca se come el gusano y días después este insecto está listo para ser liberado en los campos para hacer su trabajo benéfico.

En cada cultivo, generalmente se liberan 30 moscas por hectárea, sin embargo, depende del nivel del daño de la plaga; a veces se sueltan 100 moscas en varios grupos.

De acuerdo con Vargas, si no se combate Diatraea con insectos benéficos el impacto en los cultivos es muy negativo. “Puede afectar en magnitudes importantes. Cada unidad dañada por la plaga puede representar una tonelada menos de caña por hectárea”.

De acuerdo con el área de Entomología de Cenicaña, entre 1960 y 1970 Diatraea causó pérdidas superiores al 20 % en la producción de azúcar de esa época.

En la actualidad y como resultado del control biológico que se ejerce sobre la plaga, el nivel promedio de daño en la industria no supera el 5 %, precisa Germán Vargas.

Y todo por la acción de esta prodigiosa mosca, gracias a la cual, desde hace varios años los cañicultores pueden dormir tranquilos.

Y es que con ellas, el uso de insecticidas en estos cultivos es innecesario, puntualiza el biólogo entomólogo Francisco López Machado.

Además de la mosca que acaba con la plaga de la caña de azúcar, se usan otros insectos, entre ellos, las avispas llamadas Cotesia flavipes.

Equilibrio ambiental

De acuerdo con Fredy Vélez, del laboratorio Corporación AMA, las especies que se consideran plagas interactúan con los insectos benéficos, permitiendo un equilibrio biológico que en condiciones naturales, es decir, en los cultivos, propician el control de dicha plaga dejando solo un pequeño umbral de daño tolerable que no significa pérdidas para los agricultores.

El uso indiscriminado de agrotóxicos fomenta un desequilibrio biológico. De ahí la importancia de buscar nuevas alternativas que sean amigables con el medio ambiente.

Fuente: http://www.agroalimentando.com

Foto: Archivo