Así recupera la labranza mínima al suelo

Con este método se busca generar una mejor estructura del suelo, mayor retención de humedad, menor compactación, aumento de la fertilidad con economía de trabajo, agua e insumos.

La labranza mínima o de conservación puede definirse como aquella que permite remover y aflojar la tierra sólo donde se va a sembrar, especialmente en los surcos o líneas, evitando la exposición del suelo al sol y al agua, para lo cual se mantienen coberturas vegetales vivas (pastos) o muertas (residuos de cosecha) y se incorpora al terreno materia orgánica de lenta descomposición como abonos orgánicos (estiércol de ganado y compostajes).

En general son todas las acciones tendientes a reducir e incluso suprimir la utilización de maquinaria con implementos como los arados de discos y los rastrillos pesados en la preparación de los suelos.

Con el tiempo, el resultado de su aplicación es la estimulación de la actividad biológica de lombrices de tierra, escarabajos y otros organismos edáficos que generan una mejor estructura del suelo, mayor retención de humedad, menor compactación, aumento de la fertilidad con economía de trabajo, agua e insumos.

La práctica de remover el suelo antes de sembrar es tan universal, que el arado ha sido históricamente símbolo de la agricultura, sin embargo, en los últimos años cada vez más agricultores lo están abandonando, debido a que su uso se ha convertido en una de las principales causas de degradación de sus suelos.

El suelo expuesto a factores como el agua o el viento luego de quedar desprotegido por la acción del arado mecánico, fácilmente se desmorona y su capa vegetal desaparece, para dar paso a la erosión, que culmina con la aparición de cárcavas de difícil manejo y recuperación.

La labranza de conservación incluye diferentes tipos de implementos como el arado con cincel (fijo o vibratorio) escardadoras y corta malezas impulsadas por tractores o animales para tracción (bueyes, búfalos, mulares) en terrenos planos o con pendientes moderadas.

En zonas de ladera donde su efecto es más drástico, se utilizan en cambio, el trazado de cultivos en curvas de nivel (agronivel), implementos manuales como palas, palines, sembradoras manuales para zonas pendientes tipo “matracas”, selectores de arvenses1 y machetes para sustituir los azadones y azadas, considerados muy erosivos.

Al no usar maquinaria pesada y arados de discos, se protege eficazmente el suelo, ayuda en la prevención de procesos erosivos y en la disminución de la compactación, favoreciendo así la penetración de raíces, la absorción de nutrientes y la retención de agua, que le facilitan a las plantas su aprovechamiento en el momento en que la requieran.

Esta práctica propicia la multiplicación de la micro y macro fauna del suelo, que es indispensable para la descomposición de materia orgánica y su posterior asimilación por parte de las plantas.

Por medio de estas labores de conservación, los cauces de agua se vuelven más constantes porque se presenta una mejor absorción de la lluvia, además ocurren menos inundaciones y el agua es más limpia debido a que hay menos erosión, pues los cauces reciben un menor aporte de sedimentos.

Otro aspecto muy importante es la disminución de la contaminación, debido a la menor utilización de combustibles en los procesos agrícolas.

Además reduce el esfuerzo físico y los costos representados en tiempo y mano de obra requeridos por el productor para la preparación de suelos, e igualmente la utilización de agroquímicos (herbicidas) es menor.

Así mismo hay una disminución de los costos derivados de la baja utilización de maquinaria agrícola para la preparación de los suelos y de sistemas de riego, como motobombas.

Datos básicos para su realización

– Dejar los residuos de los cultivos y distribuirlos uniformemente sobre la superficie del suelo.
– Realizar el trazado para la siembra en curvas a nivel para disminuir la erosión.
– No usar implementos que volteen el suelo completamente y cultivar o incorporar los residuos de los cultivos.
– Realizar el control de malezas y otras plantas indeseables antes de la siembra y en el caso que sea imprescindible aplicar herbicidas, los cuales se deben usar racionalmente.
– Utilizar los implementos adecuados según la práctica por la que se opte (arado de cincel rígido o vibratorio, tracción animal, o simplemente una sembradora manual).
– Verificar que las condiciones del terreno sean las óptimas para la labor.
– Promover la rotación de cultivos y la cobertura permanente del suelo.

Fuente: http://www.contextoganadero.com
Foto: Archivo