Clorosis férrica en frutales: Monitoreo y técnicas de corrección

La clorosis férrica es una deficiencia de un elemento esencial en los vegetales, que es el hierro. El hierro es un micro elemento que se necesita en pequeñas cantidades, pero cuando está bajo el nivel óptimo, el árbol se ve afectado.

Gamalier Lemus, ingeniero agrónomo e investigador del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) explica que un síntoma clave de la clorosis férrica es que las hojas se ven más claras, son más pequeñas, se ponen amarillas y mantienen la nervadura verde, por lo tanto, resulta relativamente fácil de diagnosticar visualmente.
El experto comenta que el hierro es muy abundante en la naturaleza y el suelo, por lo tanto, una planta presenta clorosis férrica cuando el suelo retiene con más fuerza que el árbol la capacidad de éste para absorberla.
¿Ahora bien, qué le da la fuerza al suelo para retener este elemento? Existen suelos ácidos, neutros y calcareos. El problema se presenta muy gravemente en suelos calcareos donde el pH es alrededor de 7,5 o más.
La clorosis férrica en los frutales de carozo se ve incrementada cuando hay problemas de riego. Cuando se riega mal la solubilidad de los elementos falla y se presenta con mayor frecuencia el problema.
Así, suelos calcareos, problemas de riego y plantas sensible da lugar a un triángulo perfecto para que se desarrolle la clorosis férrica.
Lemus nos explica que otro problema de la clorosis férrica, es que el análisis foliar, que se hace rutinariamente para saber el estado de la planta, no siempre es un buen indicador para este micro elemento y esto se debe a que muchos materiales pueden contaminar con hierro una muestra. También el polvo que hay en la hoja y que no se puede lavar por estar en los espacios intercelulares, da una lectura sobredimensionada de la realidad que está dentro de la célula, por lo tanto, los productores reaccionan básicamente a la sintomatología visual.

¿Cómo se puede corregir el problema?
Existen formas para corregir el problema, sin embargo, no son precisamente sencillas.
Una de ellas es acidificar el suelo, Lemus señala que INIA durante muchos años, aplicaba un acidificante a las plantas que presentaban el síntoma, como incorporar una solución de sulfato ferroso directamente a la zona radical de la planra afectada.

En la época que se regaba por surcos la aplicación era realizando una especie de taza donde se ponía un gran volumen de agua con sulfato ferroso, pero hoy se podría utilizar por el sistema de riego por goteo.
También existe la posibilidad de incorporar azufre al suelo, de tal manera que el azufre en su descomposición genere algún tipo de ácido que instantáneamente acidifica el suelo, pero para descomponerse es un proceso bastante lento.
Sin embargo, hoy también tenemos un paliativo indirecto que es la aplicación de ácido fosfórico el cual por un instante acidifica el suelo, así la planta puede tomar el hierro que queda disponible.
Sin embargo, estas aplicaciones tienen una acción muy limitada en el tiempo porque el suelo tiende a equilibrarse rápidamente y vuelve a ser calcareo.
Este tipo de tratamiento, dependiendo del tipo de suelo, se requiere al menos dos aplicaciones en la temporada.
Pero ahora que tenemos el riego por goteo, indica Lemus, se puede poner pequeñas cantidades de forma permanente, de tal manera que el agua que riega el suelo sea de pH 5,5 o 6.
Existe también la posibilidad de aplicar correctores foliares, esto es, sales de hierro que se pueden aplicar a dosis y momentos adecuados para no provocar alguna quemadura y que puede dar buen resultado. Existen algunos en el mercado y generalmente el hierro quelatado tiene una mejor absorción a través de la hoja que otras formulaciones. Lo más adecuado es acompañar este metal con moléculas orgánicas para facilitar su llegada a los puntos de la célula donde se requiere.
La clorosis férrica es un síndrome que afecta desde la hoja, provocando incluso que la calidad de la fruta no sea la óptima y que se vean brotes afectados para la temporada siguiente.

Monitoreo
Gamalier Lemus recomienda como un buen análisis analizar el suelo y la eficiencia del riego y también realizar análisis foliar, ojalá exclusivamente para hierro, utilizando metodologías que descarten eventuales contaminaciones.
“Si nuestro suelo es complicado hay que asegurarse de que el pH del agua para el riego esté modificado, o enriquecido con microorganismos cuyo metabolismo deje hierro disponible para la planta”.

Fuente: http://www.agroalimentando.com
Foto:Archivo

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