Con más árboles, más carne y leche

De acuerdo con Embrapa los animales jóvenes pueden llegar a 450 kilogramos en 60 meses en pasturas arborizadas, pero en los métodos tradicionales de crianza llegan en promedio a 360 kilogramos en 54 meses.

Estudios realizados en Brasil -fundamentalmente a cargo de investigadores de la estatal Embrapa- que señalan las ventajas de las pasturas arborizadas en comparación con las convencionales, demostraron que la falta de sombra puede reducir hasta en un 20 % la producción de las vacas lecheras.

Las investigaciones se enfocaron a establecer las diferencias de la producción ganadera en esquemas de pasturas comunes y sin árboles con otros en los que sobresalen los árboles de todas las especies.

Según Jorge Ribaski, de Embrapa Bosques, con sede en Colombo Estado de Paraná, al nordeste en áreas muy susceptibles a la erosión, 200 productores rurales dejaron que los árboles crecieran en 7 mil hectáreas, para contar con alimento para el ganado en el invierno, cuando las pasturas comunes generalmente escasean.

Mayor producción

De acuerdo con Ribaski los animales jóvenes pueden llegar a 450 kilogramos en 60 meses en pasturas arborizadas en la región agreste conocida como caatinga, en el nordeste, en tanto que con los métodos tradicionales de crianza llegan en promedio a 360 kilogramos en 54 meses.

El método es sencillo: las vacas, en lugar de bajar la cabeza y comer únicamente pasto bajo un sol fuerte, se estiran y, a la sombra, se atiborran de hojas y frutos de arbustos y de árboles en medio del campo.

Como resultado de esto, pueden mantenerse hasta cinco animales por hectárea para producir de 10 mil a 15 mil litros de leche anuales por hectárea sin abono y casi sin suplemento alimentario, mientras que las pasturas comunes, sin árboles, contemplan un animal por hectárea –el promedio en la Amazonia brasileña es aún menor, de 0,9 animal por hectárea– y rinden 400 litros de leche anuales por hectárea.

Además, los árboles preservan las cabeceras de los ríos y protegen el suelo contra la erosión.

Asimismo, reducen bastante las poblaciones de moscas y garrapatas, que transmiten enfermedades y hacen posible la disminución de los gastos con medicamentos veterinarios, fertilizantes y pesticidas.

Además de recuperar parte de la biodiversidad original perdida con la actividad agropecuaria, pues atraen aves y otros animales.

Con base en estos resultados la Secretaría de Agricultura de Alegrete, en Rio Grande do Sul, construyó un vivero con capacidad para producir 350 mil plántulas de árboles para su distribución entre los productores rurales de la región, caracterizada por el avance incesante de campos arenosos sobre áreas agrícolas.

Fuente: http://www.contextoganadero.com
Foto:Archivo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *